La mayoría de los profesionales del Derecho concluyen
sus estudios con grandes conocimientos técnico-jurídicos
y escasos dotes de orador. Hoy por hoy los profesionales en
la abogacía deben ser expertos en el uso de la voz, la
retórica, la psicología de la persuasión,
la argumentación, el lenguaje del cuerpo y las figuras
de las palabras y el pensamiento que acompañan a la emoción.
Decálogo del buen orador
• Saber canalizar el temor escénico. Conjurarlo
y potenciarlo. Transformar la emoción en capacidad mental
y expresiva.
• Aprender a respirar. Cuando el pánico aparece
en escena se activa el sistema simpático. La clave para
desactivarlo es respirar con tranquilidad y beber un poco de
agua. Es el primer paso para calmar los nervios.
• Tener un buen contenido intelectual. Decía Cicerón
que nadie debería pretender ser orador si antes no había
aprendido todo lo que merece ser conocido en la naturaleza y
el arte.
• Ser permeable a lo que ocurre en la sociedad. Estar
al tanto de la actualidad y de las inquietudes y exigencias
de los ciudadanos.
• Ser un buen observador. Conocer bien el auditorio al
que nos dirigimos, tanto al preparar el discurso como durante
la alocución.
• Tener bien delimitado lo que queremos obtener con el
discurso. Convencer, sembrar dudas o desencadenar cierto sentimiento
de compasión.
• Conocer los fundamentos de la persuasión y la
argumentación.
• Hacer lo posible para que el discurso se rija por la
ética, aun cuando parezca que defendemos lo indefendible.
• Saber bien tanto lo que hay que decir como lo que hay
que guardar.
• Querer hacer arte e interpretar el alegato.
La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, ofrece
en el tercer interciclo el curso de Oratoria Forense, el cual
pretende descubrir al intérprete que toda persona lleva
dentro, así como la adquisición de técnicas
para conseguir una comunicación efectiva de sus argumentos
en sala y ante distintos foros en los que intervenga profesionalmente.
Hace especial énfasis en los elementos básicos
de la oratoria: La mirada, la postura corporal y gesticulación
en una sala, la entonación, ritmo, las pausas, claridad
de lenguaje, prácticas de lectura interpretativa, las
partes de un alegato, la preparación de una exposición,
etc.